Todo empezó en casa de Ainhoa, ingeniera de minas, quien se vió obligada a dejar su trabajo en una cementera a causa de la crisis de 2008.
Comienza entonces a hacer tartas para familiares y amigos. Siempre había admirado la maestría en la cocina de Mamá Amelia, su abuela. A veces piensa que de ahí le viene todo.
Porción a porción se fue ganando la confianza de particulares y restaurantes hasta que en 2014, abrió su propio obrador.
Allí, a día de hoy, continúa elaborando y distribuyendo, junto a Beatriz, sus tartas a todo aquel que tenga algo que celebrar, o simplemente le apetezca darse el gusto.